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A lo largo de un día nos encontramos con distintas situaciones que, a veces nos encantan, pero otras en cambio nos producen un sentimiento amargo: un problema en el trabajo, una rabieta de uno de los niños, tirarnos una hora de atasco por la lluvia, etc…Todas estas situaciones pueden agotar nuestra paciencia, pero ¿qué pasa cuando conseguimos respirar y ver que más opciones nos ofrece cada situación? 

Buscar una solución al problema en el trabajo, tener paciencia y acompañar a nuestro/a hijo/a en esa emoción o aprovechar ese ratito de atasco para subir el volumen de la radio y cantar como una loca…son pequeños gestos que convierten un día duro en un buen día, pero… ¿Cómo llegamos a eso? 

Hay muchos días que esto nos parece imposible, y es totalmente normal, pues la paciencia es limitada y nadie es capaz de estar feliz y contento continuamente cada día ¡No sería ni beneficioso!

Pero, ¿os habéis dado cuenta de que hay días que se consigue casi sin esfuerzo? Y lo más importante ¿Cómo habéis llegado a saber gestionarlo?

Si os paráis a pensar, sois capaces de hacer todo esto porque algún día, cuando erais pequeños, os enseñaron a gestionar la frustración, a buscar alternativas y, sobre todo, a encontrar esas opciones por vosotros mismos. 

Hay muchas veces que intervenimos para ayudar a los más pequeños cuando no consiguen algo y enseguida se lo solucionamos. Otras, simplemente por prisa preferimos hacerlas directamente nosotros. Y otras, lo hacemos como un acto reflejo, no lo pensamos, veo que necesita ayuda para conseguirlo y sin más… ¡Allá voy! 

Pero ¿qué pasaría si no acudimos en su ayuda al momento? Ojo, no estoy diciendo que no les ayudemos ni mostremos nuestro apoyo cuando necesitan ayuda, únicamente os invito a observar la situación, analizar si es algo grave o algo que, si les damos nuestro apoyo y un poco más de tiempo, terminarán consiguiendo por sí mismos. ¡Ahí está el verdadero aprendizaje! Ese momento quedará grabado en su cerebro y la próxima vez que algo le cueste, buscará alternativas, tendrá paciencia y muchas veces, lo conseguirá solo. 

Y ahora me preguntaréis ¿Y si me pide ayuda? Por supuesto debéis ir, atenderle, darle vuestro apoyo, una cosa no quita a la otra. Yo sólo os invito a que probéis un día a gestionar ese momento de forma diferente, acercaros, poneros a su altura y analizar la situación juntos. Preguntadle qué podemos hacer para solucionarlo, si cree que haciéndolo de otra forma se puede conseguir, ofreciéndoles la opción de volver a intentarlo… Es decir, dándoles alternativas para encontrar la solución, con nuestro apoyo, pero por ellos mismos. 

Otra forma maravillosa para aprender a gestionar y afrontar determinadas situaciones, es como no, a través de los cuentos. 

Como siempre os decimos, los cuentos nos aportan un sinfín de beneficios. 

En este caso, si les leemos un cuento donde el protagonista tenga que solventar un problema, donde tengan que afrontar una situación que no le guste, o decidir entre varias opciones…los peques y no tan peques, nos sentiremos identificados con los personajes, observaremos su forma de afrontarlo y superarlo. Pues esto es otro de los grandes beneficios de los cuentos, que siempre nos descubren un nuevo camino, una alternativa, una lucecita en la oscuridad que nos abra los ojos y nos haga pensar y darnos cuenta  que …¡¡Siempre hay opciones!! 

Porque, tal y como nos dicen Desireé Acevedo y Paco Ortega en su cuento…

Entonces, cuando llegues, mirarás ese horizonte. Verás todo lo que has conseguido con tu esfuerzo y ese es EL MEJOR REGALO que puedes hacerte.

Cuento recomendado en esta ocasión:

El Mejor Regalo de la Editorial Acualetras.

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